Centro Médico Infantil Juvenil Cavín. Oviedo, Asturias
03/11/2015

Carta de un caso real de acoso escolar

A continuación os presentamos una carta de un caso real de acoso escolar con el fin de ayudar a los niños y niñas que lo padecen y a sus familias. La joven sufrió acoso desde los 11 hasta los 17 años. Esta situación terminó por la intervención de un “chico algo mayor que ella y sus amigos” que se posicionaron al lado de la víctima y frenaron el comportamiento del grupo de adolescentes que se burlaban de ella. Un aspecto importante para dar a entender, sobre todo a los padres, los educadores y a la propia víctima, es que el acoso no cesa hasta que no interviene una figura de autoridad, una autoridad serena pero firme, comenta María Jesús A. Sevilla psicóloga clínica. 

 


Ahora, gracias a su valentía y esfuerzo en seguir adelante, la joven nos relata los efectos del acoso escolar y como actuó entonces.

 

"El acoso se había apoderado no sólo de mi felicidad"

Dejar de quererse uno mismo, sentir que tu lugar en el mundo no existe, vivir en una tristeza absoluta donde las ganas de vivir desaparecen y el miedo comienza a formar parte de cada uno de tus días. No entender nada.

 

No entender por qué me ha tocado a mí, por qué “nadie” me quiere, ni siquiera yo me quiero. Eso rondaba  por mi cabeza a todas horas durante muchos años.

 

El acoso se había apoderado no sólo de mi felicidad, sino también de la de mi familia.

Todo comenzó cuando tenía 11 años y unas chicas decidieron insultarme y amenazarme de manera continua. Se convirtió en una moda dentro del colegio y más gente se sumó al carro de las calumnias.

 

Al principio piensas que será pasajero, pero comienzan a pasar los días, los meses e incluso los años y la situación no cesa.

¿Qué he hecho? ¿Por qué yo?... Aún no tengo la respuesta.

 

El miedo comienza a adueñarse de mis días y de mis noches y no quiero ir al colegio nunca más. Decido contárselo a mis padres cuando la desesperación me impide seguir adelante. Ellos sin dudarlo, hablan con el colegio, varias veces, ya que los directores del centro no toman ningún tipo de medida al respecto.

 

Las amenazas e insultos dejan de ser solamente en el colegio y se convierten en virales en las redes sociales. Decían que iban a matarme… y yo con 12 años, me lo creí. Mis recreos ya no eran en el patio, muchas veces decidía esconderme para que no me vieran, con la esperanza de que algún día se olvidaran de mi existencia. Pero no fue así.

 

Tras dos años de acoso, durante un verano, la cosa se puso aún peor y decidieron llegar a las manos, pegándome. Sinceramente, me sentí aliviada, por fin las amenazas dejaron de serlo y se convirtieron en actos de verdad. El daño físico “me daba igual”, mi cabeza ya se había convertido en mi peor enemigo. Nunca denuncié pensado que las cosas se pondrían aún peor, y hoy en día es de lo que más me arrepiento. Mis padres tomaron la decisión de apuntarme a defensa personal, y me ayudó muchísimo, seguía con miedo, pero ahora “podría defenderme y correr”, pensaba.

 

En mi mente ellas tenían razón, merecía todo aquello que me estaba pasando. El suicidio se convirtió en mi única escapatoria. No había día que no pensara cómo podría hacerlo, sabía que así podría descansar de una vez. Intentándolo de manera fallida una vez.

 

Me cambié de colegio, pero nunca más volví a ser yo. Habían conseguido que mi cabeza se descontrolara y que me odiara como persona, sintiendo que nada de lo que hacía estaba bien y que nadie me iba a querer por muy bien que intentara portarme. Estaba totalmente deprimida y sólo pensaba… ¿por qué no puedo ser feliz? 

 

Cuanto más tiempo pasaba peor me encontraba… Nunca recurrí a la psicología hasta que mi padre y un amigo de la familia (a quien yo considero como un tío) decidieron llevarme a mi psicóloga actual. Yo no daba un duro por ello, “sabía” que me había vuelto loca y que no había solución para ello. Ahora sé que fue lo que me ayudó a cambiar de nuevo mi vida.

 

Muchos años de agonía sin recurrir a un especialista, unos 5 o 6 años. Cuando comencé con la terapia empecé a comprender que igual si había una luz al final del túnel y que la solución era empezar a quererme como persona. Ahí empezó mi viaje a la felicidad. No siendo un viaje en línea recta, sino una montaña rusa. La desesperación llegaba cuando después de subir unos escalones, caía de nuevo al suelo. ¿Se acabará algún día esta depresión?

 

Ahora tengo 21 años y quiero disfrutar de cada momento de la vida y me gustaría dar fuerzas a todas aquellas personas que estén sufriendo algo parecido.  Todos somos especiales, no dejemos que nadie nos robe lo que es nuestro. Seamos fuertes y lleguemos al final del camino. Aunque penséis que no hay luz en muchos momentos, si la hay y merece la pena luchar por ello. Aunque el camino sea largo, oscuro y estemos descalzos. Luchemos.





Ver más Noticias
Comparte



Servicios Médicos Infantil Juvenil Oviedo
Centro Médico Infantil- Juvenil Cavín. Especialistas en Pediatría, Traumatología, Psicólogo, Nutricón, Neuropsicología, Logopedia en niños y adolescentes. Oviedo, Asturias.
Centro Médico Infantil- Juvenil CAVÍN

Caveda, 22 Primera Planta
T: 985 207 832
Oviedo 33002
Principado de Asturias
España
Aviso Legal
RSS
Contacto

Facebook Twitter Pinterest
Centro Cavín Médico Infanti Juvenil Oviedo Asturias
Cavín - Centro Infantil y Juvenil. Especialistas en Pediatría, Traumatología, Psicólogo, Nutrición, Neuropsicología, Logopedia en niños y adolescentes. Oviedo, Asturias.
CAVÍN - Centro Médico Infantil-Juvenil

Caveda, 22 Primera Planta
Teléfono: 985 207 832
Oviedo 33002
Principado de Asturias
España